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  • Ezequiel Sack

Más incoherencias...

La temporada de ventas está en marcha y comienzan a surgir los datos de algunos remates, donde -como ya es costumbre- los reproductores alcanzan precios que resultan difíciles de justificar. Valores que, luego de las exitosas subastas, se publican asociados a un ineludible y promisorio futuro mejor de la actividad ganadera.



Ante esto, conviene preguntarse: ¿Son realmente buenas noticias para el sector?, ¿Existirá luego el retorno económico en la magnitud de esa inversión realizada?, ¿Generará realmente el 100%, 200% o 1.000% más de beneficio que los otros animales de su tipo?


Creo que, exceptuando alguna práctica reproductiva como es el caso de los centros de reproducción, en todos los casos la respuesta es NO.


¿Son realmente buenas noticias? O, simplemente esos valores son la evidencia de “las otras cosas” o impulsos que mueven a la ganadería, tales como la puja por el prestigio, el estatus social, la moda, los estados de ánimo, entre otros.



¿Adónde queda la mayoría de los ganaderos argentinos ante estos eventos y valores irrepetibles?


Me repregunto ¿el valor obtenido en los remates de reproductores “arrastran” a todo el sector hacia nuevos precios relativos en la cadena de la carne? Si fuese así, todos contentos. Lamentablemente, sabemos que no es asi…


En efecto, la producción real nos impone que, por ejemplo, el toro que por algún motivo se lesiona cuesta $ 90 el kg. de carne o que sus hijos tienen un valor de commodity y es casi imposible pretender un valor diferencial.


El desarrollo de la ganadería muestra perfiles empresarios muy diversos. Así es como algunos productores no necesitan planificar -por ejemplo- el cambio de su camioneta y muchos otros necesitan planificar hasta el cambio de las gomas.


Algunos necesitan acceder a créditos bancarios con tasas promovidas o subsidiadas

por el Estado, mientras que otros subsidian sus cabañas o sistemas productivos con otras empresas vinculadas.


A esta altura de los acontecimientos, y prefiriendo la rebelión a la locura, luce como un acto de rebeldía muy desafiante detenerse a preguntar ¿Qué estamos haciendo?


Veamos…

Los cabañeros preparan los animales. Ahora bien ¿Qué quiere decir esto? ¿Acaso los animales no estaban preparados para el campo?, ¿No funcionaban bien en su ambiente?, ¿Debemos “des-prepararlos” o modificarlos para obtener esos resultados en los remates?


Cabe entonces analizar la cuestión desde tres pilares fundamentales:

  • Desde lo productivo, estamos modelando un animal totalmente dependiente de insumos.

  • Desde lo ambiental, perdemos la oportunidad de seleccionarlo utilizando su valor más preciado, que es la capacidad de su rumen, la capacidad de generar proteína de calidad de la celulosa y la posibilidad de regenerar pastizales nativos con un manejo adecuado de los rodeos.

  • Y, desde lo social, provocamos un alto impacto negativo, porque asignamos de manera ineficiente recursos económicos. Esto, además, en un momento muy difícil para la humanidad y para la Argentina, donde la mitad de la población es pobre.


Por estas razones, debería ser casi una cuestión de responsabilidad social empresaria el procurar y perseguir valores reales y lógicos por un reproductor, a partir de sistemas de crías más observantes de los ciclos naturales y su impacto.

Por último, considero que lo más valioso que debería ocurrir (y creo que irreversiblemente ocurrirá) es la necesidad de la verdad y de la transparencia como valores inspiradores de nuestra conducta.


De esa única manera, podremos terminar con el desarrollo de una actividad disociada entre una realidad cotidiana de productores que luchan por mantener su sistema, que conocen su campo, sus animales y sus posibilidades y, por otro lado, un grupo de actores que desconocen su campo y sus animales, pero tienen otras disponibilidades y creo están fuera de la huella y muy lejos del suelo, en este sistema integral.


#Regeneración #Ganado

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